
Las empresas multinacionales son las que no sólo están establecidas en su país de origen, sino que también se constituyen en otros países, para realizar sus actividades mercantiles tanto de venta y compra como de producción en los países donde se han establecido.
Las multinacionales están en capacidad de expandir la producción y otras operaciones alrededor del mundo, así como de movilizar plantas industriales de un país a otro. Su poder de negociación es muy fuerte y su importancia en la economía mundial se ha incrementado con el proceso de reestructuración económica y globalización.
Su filosofía tiene un concepto global, mantienen un punto de vista mundial en sus negocios sobre los mercados (clientes), servicios y productos, bajo el cual conciben al mundo entero como su mercado objetivo. Estas empresas se caracterizan por el empleo de trabajadores tanto del país de origen como del país en el que se establecieron.
Más de dos tercios del comercio mundial, según el Observatori DESC tiene lugar a través de las empresas transnacionales. La mitad de este volumen comercial es intraempresa (se produce entre sucursales de la misma compañía).
A pesar de ello, resulta difícil apreciar cuánto poder manejan las empresas transnacionales (o multinacionales). Por su puro tamaño se han convertido en un elemento crucial del mercado global y en importantes actores mundiales que, cada vez más, se sitúan por encima de muchos países. Ejemplos no faltan: las ventas de la corporación japonesa Itochu exceden el Producto Interior Bruto de Austria, mientras que las de Mitsui, General Motors e IBM superan el PIB de toda África subsahariana. Las transnacionales suponen un gigantesco negocio, tan enorme, que les ha conferido un considerable poder.

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